Los seguros de hogar son uno de esos gastos a los que muchas veces no prestamos demasiada atención… hasta que ocurre algo. Una fuga de agua, un cristal roto, un robo o un pequeño incendio pueden convertirse rápidamente en un problema importante si no contamos con una cobertura adecuada.
Pero no todos los seguros de hogar son iguales ni protegen frente a las mismas situaciones. Por eso, más que contratar una póliza simplemente por su precio, conviene saber qué estamos asegurando y hasta dónde llega realmente la cobertura.
Continente y contenido: dos conceptos fundamentales
A la hora de contratar un seguro de hogar encontraremos habitualmente dos conceptos: continente y contenido.
El continente es, de forma sencilla, la propia vivienda y todos aquellos elementos que forman parte de ella: paredes, techos, suelos, ventanas, puertas, instalaciones eléctricas, tuberías, calefacción o elementos fijos.
El contenido, en cambio, son los bienes que tenemos dentro de casa: muebles, electrodomésticos, ropa, equipos informáticos, objetos personales, etc.
Es importante calcular correctamente ambos valores. Asegurar por debajo del valor real puede provocar que, cuando llegue el momento de reclamar un siniestro, la indemnización no sea suficiente para cubrir los daños.
¿Cuáles son los siniestros más habituales?
Aunque dependerá de cada póliza, los seguros de hogar suelen ofrecer protección frente a situaciones como:
- Daños producidos por agua y fugas.
- Incendios, explosiones y daños por humo.
- Robo y, dependiendo de la póliza, hurto.
- Rotura de cristales, espejos o determinados elementos sanitarios.
- Daños eléctricos.
- Fenómenos atmosféricos.
- Actos vandálicos.
- Asistencia urgente en el hogar.
Pero cuidado: que una póliza anuncie, por ejemplo, que cubre los daños por agua no significa necesariamente que cualquier problema relacionado con el agua esté cubierto. Una cosa puede ser reparar los daños provocados por una fuga y otra muy diferente sustituir una instalación deteriorada por falta de mantenimiento.
Por eso es importante conocer no solamente las coberturas, sino también sus límites y exclusiones.
La responsabilidad civil: una cobertura especialmente importante
Probablemente sea una de las partes más interesantes de un seguro de hogar y, sin embargo, no siempre le prestamos suficiente atención.
La responsabilidad civil nos protege económicamente frente a determinados daños que nosotros o nuestra vivienda podamos ocasionar a terceros.
Un ejemplo muy sencillo: una tubería de nuestra vivienda se rompe y el agua provoca importantes daños en el piso del vecino de abajo. Dependiendo del origen del problema y de las condiciones de la póliza, nuestro seguro puede hacerse cargo de la indemnización correspondiente.
Y los daños a terceros pueden llegar a ser considerablemente más costosos que los sufridos en nuestra propia vivienda.
Por eso, al comparar seguros, conviene comprobar qué capital tenemos contratado para responsabilidad civil y no fijarnos únicamente en el precio anual de la póliza.
¿Y si vivimos de alquiler?
El seguro también puede ser interesante aunque no seamos propietarios.
El propietario puede tener asegurado el continente de la vivienda, pero eso no significa necesariamente que estén protegidos los bienes del inquilino.
Un inquilino puede asegurar su propio contenido —muebles, ordenadores, electrodomésticos u objetos personales— y disponer además de responsabilidad civil frente a posibles daños que pueda ocasionar.
Del mismo modo, si somos propietarios de una vivienda destinada al alquiler, existen pólizas específicamente pensadas para este tipo de inmuebles.
¿Es obligatorio tener seguro de hogar?
Con carácter general, ser propietario de una vivienda no implica tener que contratar un seguro de hogar.
La situación cambia cuando existe una hipoteca. En estos casos puede exigirse un seguro de daños sobre el inmueble hipotecado. Esto no significa, sin embargo, que tengamos que contratar necesariamente la póliza ofrecida por el propio banco.
Podemos presentar una póliza alternativa de otra aseguradora siempre que ofrezca unas condiciones y prestaciones equivalentes a las exigidas por la entidad financiera.
Por eso es recomendable comparar el coste y las coberturas del seguro, especialmente cuando su contratación está relacionada con una bonificación en el tipo de interés de nuestra hipoteca.
Cuidado con el infraseguro
Intentar reducir demasiado el importe asegurado para pagar una prima más pequeña puede acabar saliendo caro.
Si declaramos un valor considerablemente inferior al real, en determinados siniestros la aseguradora puede aplicar la denominada regla proporcional, haciendo que recibamos solamente una parte de la indemnización que esperábamos.
También debemos evitar el extremo contrario: asegurar nuestros bienes por mucho más de lo que realmente valen no significa que vayamos a cobrar esa cantidad si ocurre un siniestro.
Lo importante es que los capitales asegurados se correspondan razonablemente con la realidad de nuestra vivienda.
Una reforma puede cambiar nuestro seguro
Hay otro detalle que muchas veces olvidamos.
Si hemos realizado una reforma importante, instalado una cocina de mayor valor, cambiado completamente las instalaciones o incorporado nuevos elementos a la vivienda, puede ser recomendable revisar nuestra póliza.
Lo mismo ocurre con el contenido. Con los años podemos acumular nuevos electrodomésticos, equipos electrónicos, muebles u objetos de cierto valor y mantener, sin darnos cuenta, los mismos capitales asegurados que contratamos muchos años atrás.
¿Qué debemos revisar antes de contratar?
Más allá del precio anual, merece la pena comprobar:
Los capitales asegurados.
Que continente y contenido estén correctamente valorados.
La responsabilidad civil.
Comprobar cuál es el límite máximo de indemnización.
Los daños por agua.
Especialmente qué ocurre con la localización de fugas, reparación de tuberías y daños ocasionados a terceros.
Robo y hurto.
No son exactamente lo mismo y las condiciones pueden variar considerablemente.
Daños estéticos.
Una pequeña avería puede obligarnos, por ejemplo, a cambiar más azulejos o parte del suelo para mantener una estética uniforme.
Joyas y objetos de especial valor.
Pueden tener límites específicos o necesitar ser declarados expresamente.
Asistencia en el hogar.
Cerrajería, electricidad, fontanería y otros servicios pueden estar incluidos, pero con determinados límites.
Y, sobre todo, debemos leer las exclusiones. Saber lo que nuestro seguro no cubre puede ser tan importante como conocer lo que sí cubre.
No todos necesitamos el mismo seguro
No tiene las mismas necesidades una vivienda habitual que una segunda residencia, una vivienda alquilada o un inmueble que permanece vacío durante determinados periodos.
También pueden influir la antigüedad del edificio y de sus instalaciones, las reformas realizadas, la existencia de garaje o trastero y las características particulares de cada vivienda.
Por eso, más que buscar simplemente el seguro de hogar más barato, lo recomendable es buscar el seguro que mejor se adapte a nuestra casa y a nuestra situación.
Porque cuando sucede un imprevisto es cuando descubrimos si realmente estábamos bien asegurados.
General Inmobiliaria, otra forma de ver las c@sas
